Vigilancia y castigo en Cyberpunk: Biopolítica de un futuro distópico
Es común en filosofía la idea de la sociedad vigilada, el control, la esclavitud programada. No son pocas las distopías que nos han vendido esta imagen, ni menos los filósofos que lo han tratado. La pregunta a realizar es ¿Realmente nuestro futuro se encamina a una continua vigilancia y a su necesario castigo? ¿Somos libres en un mundo donde lo digital se ha apoderado incluso de lo biológico? Bienvenidos a Night City, bienvenidos a "Cyberpunk 2077".
Lo normal cuando uno se plantea hablar de "Cyberpunk 2077" es que nos vengan a la cabeza autores transhumanistas de la talla de Savulescu, Bostrom o especialmente, el considerado padre del transhumaismo, Julian Huxley. Pero aquí no nos gusta lo obvio (al menos no siempre), y por eso hemos querido darle una vuelca de tuerca al análisis de este maravilloso juego, que, desde luego, podría ser interpretado y reinterpretado filosóficamente desde un millar de perspectivas. ¿Y cual hemos elegido nosotros? Precisamente la visión de una macrosociedad ultracontolada y sometida a la voluntad del poderoso. Para ello, el autor no podía ser otro que nuestro francés, sexy y calvete favorito , Michel Foucault (he tenido que decir calvete porque sino a todos se nos iba la cabeza a Camus) y su obra "Vigilar y castigar". Mi querido "choom", este va a ser un viaje del que no vas a salir igual, así que prepara tus mejores "cromados”, porque vamos a ello.
¿Y si volvemos unos siglos atrás? Y no me estoy refiriendo del 2077 al 1984 (fecha de la muerte de Foucault), sino mucho antes, concretamente a la Inglaterra del siglo XVIII de la mano del padre del utilitarismo Jeremy Bentham, y su curioso diseño arquitectónico de una cárcel llamado "panóptico" (si es que Jeremy valía para todo, tanto que sigue ahí esperando a que lo visitéis, sí, sí, no estoy de broma, buscadlo, que os vais a llevar una sorpresa). ¿Y en qué consistía exactamente este peculiar diseño de arquitectura carcelaria? El objetivo de la estructura panóptica era permitir a su guardián, guarecido en una torre central, observar a todos los prisioneros, recluidos en celdas individuales alrededor de la torre, sin que estos puedan saber si son observados. De este modo se genera una situación de sometimiento al poder continuo aún cuando el sujeto no está siendo vigilado. Nada mal el invento de Bentham, ¿verdad? Bien, pues Foucault en "vigilar y castigar” lo lleva un paso más allá. Introduce el concepto de "Sociedad panóptica", es decir, un tipo de sociedad caracterizada por una forma de control social en la que las personas están constantemente bajo la mirada vigilante de las autoridades, lo que lleva a la autorregulación y el disciplinamiento de la conducta.
La idea que aquí manejamos es que Night city queda representada en "Cyberpunk 2077", precisamente como la distopía Foucultiana perfecta, donde las grandes corporaciones (o corpos como tienden a llamarlas) poseen un control absoluto de todo cuanto ocurre en la ciudad. ¿Y cómo hacen esto? Mediante el poder y el conocimiento. Foucault explora cómo el poder y el conocimiento están intrínsecamente entrelazados. El conocimiento se utiliza como una herramienta de poder para controlar y regular a la población, mientras que el poder establece las condiciones para determinar qué conocimiento es válido y aceptado. ¿Se no va de las manos? vamos a intentarlo con unos ejemplos.
Empecemos por lo más obvio: escáneres biométricos en cada esquina de Night City. No importa si eres un nómada, un netrunner o simplemente un desgraciado que ha tenido la mala idea de cruzarse con un grupo de Tyger Claws, la ciudad te vigila, te categoriza y te clasifica. Tu reputación en el sistema determina desde las oportunidades que tendrás hasta la velocidad con la que la NCPD (Night City Police Department) decidirá que eres más problema que ciudadano. No hay libertad, hay gestión de cuerpos y control de la movilidad: pura biopolítica. Espera, espera, espera, ¿biopolítica? ¿ya me estás metiendo palabrejas raras? Tranquilos, vamos a solucionar esto antes de seguir.
Cuando Michel Foucault habla de biopolítica, se refiere a una forma de poder que no se limita a prohibir o castigar, como lo hacía el poder soberano tradicional, sino que se centra en gestionar y regular la vida misma. Es el control de los cuerpos y de las poblaciones a través de mecanismos como la medicina, la seguridad, la higiene, la natalidad y, en general, cualquier dispositivo que administre la vida en lugar de simplemente reprimirla. Mientras que en sociedades antiguas el poder se ejercía a través de la amenaza de muerte ("el rey puede matarte si desobedeces"), en las sociedades modernas el poder opera más bien a través de la optimización de la vida ("te damos acceso a la salud, al trabajo, a la movilidad… pero bajo nuestras reglas"). Este tipo de poder no se concentra en una única figura de autoridad, sino que está distribuido en instituciones, normas y tecnologías que van moldeando el comportamiento de los individuos sin necesidad de una vigilancia constante y explícita.
Vamos a explicar esto sin que parezca que os estoy soltando el manual de instrucciones de un implante cibernético defectuoso. Cuando hablamos de biopolítica, hablamos de cómo el poder no solo se preocupa de leyes, multas o pegarte un balazo si te pasas de listo (que también, porque esto es Night City), sino de la gestión de la vida misma. No se trata solo de controlarte, sino de decidir qué vidas valen más, qué cuerpos son útiles y cómo se regulan. ¿Ejemplo claro? Los implantes cibernéticos. No todos pueden acceder a los mismos cromados y, si lo piensas bien, tu valor como ciudadano no depende solo de lo que hagas, sino de cuánto puedas mejorar tu cuerpo dentro de los límites que imponen las megacorporaciones. No es lo mismo llevar un chip de última generación de Arasaka que un implante barato que puede freírte el cerebro al primer sobrecalentamiento. Ahí está la clave: el poder ya no solo manda, sino que literalmente te fabrica.
Pero esto no acaba aquí, porque si Foucault estuviera en Night City (probablemente como un fixer filosófico con una gabardina espectacular), se daría cuenta de que el poder en el siglo XXI (o en este caso, en el 2077) ya no solo castiga o vigila desde las sombras, sino que directamente se implanta en el cuerpo. Relic, el chip maldito que nuestro protagonista V lleva en la cabeza, es la representación perfecta de cómo el control ya no es solo sobre lo que hacemos, sino sobre lo que somos. Un implante que determina la identidad, el destino y que incluso anula la voluntad propia. Si esto no es la culminación de la biopolítica, que venga Johnny Silverhand y me lo explique.
Y aquí es donde las cosas se ponen feas, porque en Cyberpunk 2077 no hay un gran hermano único, sino una lucha de poderes entre megacorporaciones. Arasaka, Militech y demás corpos son los nuevos soberanos, pero en lugar de reyes con cetros y coronas, lo suyo es el espionaje, la manipulación genética y el control algorítmico. Esto encaja con otra idea de Foucault: el poder no es una estructura estática, sino una red en constante movimiento. No hay un solo opresor, sino múltiples nodos de poder que se reparten la tarta del control. Desde una perspectiva foucaultiana, el poder no es una estructura monolítica ni estático, sino que opera a través de redes descentralizadas y en constante transformación. A diferencia de las concepciones clásicas del poder, donde se identificaba con un soberano absoluto (un monarca, el Estado o una institución centralizada), Foucault plantea que el poder se ejerce de manera difusa, a través de múltiples instituciones, normas y dispositivos de control que moldean la conducta de los individuos.
En Cyberpunk 2077, este principio se refleja en la lucha de poder entre distintas megacorporaciones como Arasaka o Militech. No existe un único ente opresor que controle de manera absoluta el orden social, sino un entramado de actores con intereses divergentes, que compiten entre sí por el dominio de la tecnología, la información y la seguridad. Esta multiplicidad de fuentes de poder es característica de la biopolítica contemporánea, donde la regulación de la vida no proviene de una única autoridad soberana, sino de un conjunto de instituciones y mecanismos que buscan disciplinar y administrar a la población.
En este sentido, el control en Night City no se ejerce únicamente mediante la fuerza bruta o la vigilancia explícita, sino también a través de la gestión de la información, la manipulación biotecnológica y la regulación algorítmica del comportamiento. Este modelo de poder fragmentado y en disputa responde a lo que Foucault denominó microfísicas del poder: una serie de relaciones de dominación distribuidas en la sociedad, en las que los individuos no solo son objeto de control, sino también partícipes en su reproducción.
¿Y qué nos queda a nosotros, los ciudadanos de a pie de Night City? Aquí es donde entra la resistencia, la lucha contra el sistema y la pregunta que todo "choom" debería hacerse: ¿es posible escapar de la vigilancia total? ¿O simplemente elegimos quién nos controla? Quizá V, al final de su viaje, encuentre una respuesta… aunque en Night City, la libertad es solo otra ilusión más.
"El poder no se posee como una riqueza o un bien; no se lo conserva ni se lo deja escapar; se lo ejerce en el juego de relaciones desiguales y móviles." (Michel Foucault)
César A. Velázquez
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