Clair Obscur: Expedition 33 o cómo Slavoj Žižek me arruinó el final perfecto
Aviso para navegantes : este post contiene spoilers del tamaño de un pincel de Monet mojado en lágrimas existenciales. Si no has terminado Expedition 33 , juega, sufre, arrástrate emocionalmente por el suelo como si fueras Verso en un momento de crisis ontológica, y luego vuelve. Aquí te espero con trauma y café. No todos los días un videojuego te pone frente a una elección tan jodidamente humana como esta: ¿prefieres repintar tu mundo emocional con brochazos de consuelo simbólico o prenderle fuego a todo y dejar que el dolor entre como una patada en el pecho? Expedition 33 no solo plantea ese dilema: lo convierte en el núcleo emocional y metafísico de toda la experiencia. Y eso, en tiempos donde muchos RPG se conforman con preguntarte si quieres ser bueno o un poco menos bueno pero con pinta edgy, es casi revolucionario. Aquí no hay karma, ni puntos de virtud, ni trofeo oculto. Hay solo una verdad desnuda y dos caminos igual de angustiosos para gestio...