Persona 5 y Freud: El palacio de tu subconsciente
Hace unos meses tuve la suerte de jugar el maravilloso Persona 5, pero como de costumbre, cuanto más jugaba, más incapaz era de fijarme meramente en la trama. Y es que las ideas vuelan por mi cabeza en forma de señores barbudos... DE-formación profesional lo llama algunos. La cuestión es, ¿y si el bueno de Sigmund hubiera podido sentar a cada uno de esos chavales en su famoso diván? Creo que Freud hubiera sido una interesante aportación al metaverso descrito por Persona 5, ¿o es el metaverso una interpretación del psicoanálisis freudiano? Sea como sea... hoy nos adentramos en el palacio de tu subconsciente, ¡espero que estés preparado!
¿De qué trata exactamente Persona 5? Nos encontramos ante una joyita del RPG japones mezclado con un curioso y divertido simulador de vida. En el asumiremos el rol de Joker (ese es su nombre en clave, el real lo eliges tú), un adolescente al que, por vicisitudes del destino se la han jugado y ha acabado en una especie de libertad preventiva. Un cambio de ciudad, vivir en una cafetería, nuevo instituto y nuevos compañeros y profesores, vamos, todo lo necesario para preparar la explosión que viene ahora. Y así es, porque llegado el momento y en relación a un tema muy turbio que tiene que ver con un profesor de educación física, el intento de suicidio de una alumna, toqueteos varios y maltratos al equipo de vóleibol... sí, lo sé, ¡vaya movida! Pues en ese instante surge la "magia"... bueno... magia o más bien psicoanálisis (aunque para ciertos psicólogos actuales es lo mismo).
Resulta que nuestro protagonista y sus amigos tiene la capacidad de entrar en un lugar llamado "metaverso", lugar donde el subconsciente de sus enemigos se proyecta para así contemplar sus deseos más oscuros y reprimidos, formalizados en forma de "palacio" donde ellos mismos plasman su propio "ello". CUIDADO ¡alerta freudiana! ¿Ello? ¿subconsciente? ¿Qué me estás contando?, yo no jugué a eso, yo llevaba a unos tipejos disfrazados que se daban de palos con monstruos. Bien, vayamos por partes...
Para acceder aquí primero debemos tratar de comprender una serie de conceptos freudianos, empecemos con su "primera tópica", a la que él mismo llama teoría topográfica, y no, de repente no vamos a preguntarnos por montañas y valles (aunque si lo vamos a hacer por palacios, todo irá cogiendo forma). Lo que el señor Sigmund explica aquí es como está organizada nuestra mente, es decir: El consciente, el inconsciente (o subconsciente) y el preconsciente.
El consciente, valga la redundancia, es todo aquello de lo que nosotros somos conscientes, en el caso de Joker, su vida cotidiana, sus nuevos amigos, el olor a curry y café de buena mañana en la cafetería de Sojiro y la necesidad de estudiar para aprobar los exámenes. Pero Joker es un adolescente que lo ha pasado bastante mal, y su historia está cargada de emociones reprimidas y recuerdos olvidados (esto es un pedazo de oxímoron... y sí, pongo oxímoron porque llevo tiempo queriendo escribir esta palabra). ¿Y donde están esas emociones y recuerdos reprimidos? pues precisamente en su inconsciente o subconsciente, un lugar oculto en su propia conciencia a la que no tiene acceso y que trata de aflorar en él en forma de inseguridades y problemas. ¿Y el preconsciente? bien, este incluye aquellos contenidos inconscientes que pueden llegar a ser conscientes, ¿cómo? muy sencillo, a través de técnicas como la hipnosis, los sueños, o como no, ¡una divertida exploración del palacio proyectado por el subconsciente! Menudos paseítos por palacios se hubiera pegado el bueno de Freud si llega a saber esto.
Pero aquí no acaba nuestra movida, hasta ahora hemos comprendido que los palacios de los diversos enemigos, por ejemplo el de Kamoshida, el famoso profesor de educación física al que nos enfrentamos al inicio del juego, son representaciones físicas de subconsciente de dicho personaje. En este caso concreto, Kamoshida es un exatleta olímpico reconocido, y cree que dicha reputación le permite hacer con los alumnos del instituto todo aquello que desee. Vamos, que el tío se ve como una especie de "rey del castillo" donde los alumnos son sus esclavos con los que puede hacer aquello que desee, y esto incluye un rollo sexual muy turbio con ciertas chicas. Por todo esto, el subconsciente de Kamoshida se proyecta sobre el instituto como un castillo donde él es el rey indiscutible. ¿Y qué hacen nuestros protagonistas? acceder al preconsciente y robar el "tesoro" del palacio para hacer "consciente" a dicho sujeto lo terrible de sus acciones.
¡GUAU! ¿en serio? Pues sí, pero ahí no acaba todo, y ahora es cuando entra en juego la segunda tópica freudiana. El "ello", el "superyo" y el "yo". Pongamos a otro de los protagonistas como ejemplo, en este caso a Ryuji, un alumno problemático, expulsado del equipo de atletismo y con un temperamento bastante complicado, este es el "yo" de Ryuji, el resultado de la confrontación de su "ello" y su "superyo", se trata de una especie de máscara que llevamos y que no nos permite ver nuestro verdadero yo (ello). Espera, has dicho ¿MÁSCARA? eso me suena de algo; y así es, porque todos los protagonistas llevan unas máscaras, máscaras que precisamente en el momento de su "despertar" se arrancan dejando ver su verdadero "ello". Y la gran pregunta... ¿entonces el "ello" es? pues justo lo que estáis suponiendo, es la naturaleza más primigenia de las personas, sus deseos, pulsiones, la base del pensamiento, conducta y, esto último muy freudiano, del placer. Vale, entonces nos quitamos la máscara del "yo" para dejar ver nuestro verdadero "ello", del mismo modo que los "enemigos" como Kamoshida tienen consciencia de sus las perversiones y deseos ocultos en su "ello" al hacerles consciente de dichos deseos ocultos en su subconsciente y proyectados en el palacio. ¡ME EXPLOTA EL CEREBRO! Normal, pero aún no hemos acabado, nos falta el "superyo" ¿por qué alguien se pondría una mascara? ¿por qué ocultamos nuestros verdaderos deseos en esos palacios? Precisamente por la presencia del "superyo", nuestra cultura, valores aprendidos y heredados que constriñen nuestros deseos y pulsiones. Quitar esa máscara significa precisamente despojarnos de ese "superyo" y aceptar nuestro "ello", de ahí que cada uno de los disfraces de nuestros protagonistas tome una forma tan diferente como proyección de su propio "ello".
Estas son algunas de las reflexiones a la que una mente enferma como la mía, y seguro que la de más de uno llega tras jugar a Persona 5. El juego da un tono completamente topográfico a la idea freudiana del subconsciente, convirtiéndolo en un lugar geográfico real al que se puede acceder, un palacio construido dentro de un metaverso; y dota a los protagonistas, capaces de aceptar su propio "ello" y de usarlo como una capacidad psicoanalítica de acceder a dicho subconsciente y transformarlo a voluntad. Precisamente aquí surge un interesante debate dentro del juego que merecería ser tratado en otro artículo. ¿realmente alguien con estas capacidades tiene potestad para usarlas libremente al margen de la ley? Pero eso para otro día...
Espero que os haya gustado, y os repito aquella pregunta que ya hice al inicio del artículo. ¿estás dispuesto a adentrarte en el palacio de tu propio subconsciente? seguro que muchos de nosotros preferiríamos no poner ni un solo pie ahí... a veces las máscaras sirven para mantener una estabilidad social necesaria, ¿o no? esta reflexión ya os la dejo a vosotros.
"Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco"
(Sigmund Freud)
César A. Velázquez
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